El gato al que le di posada en diciembre y enero pasados me dijo que, en lo que regresaba, podía preguntarle cualquier cosa vía e-mail y que estaría complacido de darme cualquier tipo de lección.
Pasé varios días pensando cuál sería mi primer pregunta, cuando la envié, recibí respuesta a los cinco minutos; ese gato me dejó sorprendido:
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